Todo empezó aquella noche en la que vi una caja de cartón sobre una de las sillas en la cocina, la cajita se movía y desde el interior se escuchaba una respiración muy agitada. Recuerdo que me acerqué y quise ver que había adentro de esa cajita que si no estoy mal era de una marca de margarina, abrí las tapas y pude ver un animalito hermoso, un pequeño peluche que en verdad respiraba, una perrita que parecía de juguete y que sus ojitos aún no veían porque casi estaba recién nacida.
A mi alrededor estaba mi familia, saludando al nuevo integrante de nuestra familia, no quise cargarte de inmediato porque parecías tan frágil y supongo que fue el miedo de hacerte daño por el cual decidí observarte durmiendo tan cómodamente sobre aquellos trapos que te calentaban y te hacían dormir tan bien.
Después de admirarte un poco me contaron tu historia, de cómo mi hermano tuvo el valor de recogerte y de hablar con mis padres para que formaras parte de la familia. Escuché que naciste en un predio de carros chocados y que el carro elegido por tu mami fue un Volvo de color verde el cual si no estoy mal tenía aún sus asientos y más de alguna vez observé a tu mami disfrutando de la comodidad de esos asientos. La historia que me contaba mi hermano me hacía verte cada vez más como alguien quien necesitaba una oportunidad ya que pasaste por tres diferentes hogares y todos ellos te rechazaron porque simplemente no eras de una “raza pura” ó porque nadie tuvo la bondad que mi padre, mi madre y mi hermano tuvieron en ese entonces.
Pasaste la primera noche con nosotros, llorando levemente, no sé si lo hacías por frío o porque extrañabas el calor de tu madre, no lo sé. Al día siguiente empezamos con la angustia de alimentarte y ver como rechazabas lo que te ofrecíamos. Fue de esa forma como mi inexperiencia en cuidado de perritos salió a relucir y te puse en peligro por primera vez, en esa ocasión el día casi acababa y no habías probado ni un solo bocado de alimento y decidí entonces prepararte leche en polvo y dártela con un biberón, me puse muy feliz al ver que por fin estabas llenando tu pancita con algo y seguí alimentándote. Al final tu pancita en forma de pelota empezó a hincharse y tú te empezaste a quejar, me preocupé y no sabía que hacer, no tenía dinero para llevarte a un médico y tuve que recurrir a pedirle a mi padre para llevarte a un veterinario, él me dijo que te llevará y me dio el dinero para cubrir la consulta, corrimos con mi primo buscando una veterinaria en donde te atendieran para aliviarte de tu dolor. Fuimos de una a otra y todas estaban cerradas debido a la hora y al día, un sábado por la noche. Al fin encontramos una abierta y le explicamos a tu médico lo que pasó y nos dijo que necesitabas un desparasitante, te dio la tableta y empezaste a calmarte, hasta te dormiste muy tranquilamente como si nada hubiese pasado. Cuando llegamos a casa despertaste y pediste salir de tu caja para jugar, en esa ocasión vi por primera vez como corrías y ladrabas de alegría, todos disfrutamos verte tan contenta y tan llena de vida.
Fuiste creciendo, empezamos a cuidarte mejor y te empezamos a llevarte al consultorio para perros para que te suministraran tus vacunas, cosa que como todo niño odiaste pero que como toda perrita valiente soportaste. No sabes, lo bella que te mirabas en aquel gorro que se convirtió en tu cobija, nos hacías reír cada vez que bostezabas y que te estirabas para descansar mejor.
Recuerdo cuando nos recomendaron tu dieta para que comieras debido a que todavía eras una recién nacida, cerelac y leche fue tu comida por mucho tiempo. Después de todo te alimentabas muy bien y por eso cada día te ponías más bonita y mucho más fuerte, tu semblante de delicada cambio a una perrita fuerte, juguetona y sobre todo alegre.
Llegó tu primer baño y fue una verdadera emoción para nosotros y para ti un verdadero caos, creo que no lo disfrutaste tanto como nosotros, pero que después de ese baño dormiste como los mismísimos ángeles.
¿Recuerdas como después de cada comida, te dormías panza arriba con tus patitas dobladas y tu carita de lado? Nos causaba risa, verte durmiendo de esa forma pero era la única forma en que encontrabas comodidad después de las comidas que te dabas. Recuerdas cuando te quedabas al pie de la cama de mi hermano y mía, dice mi padre que te levantabas de madrugada a jugar un rato luego ibas al baño porque siempre, siempre fuiste una perrita muy pero muy limpia, nunca ensuciaste tus trapos y mucho menos tu cajita, siempre avisabas a tiempo, por cierto mi madre te adoraba por eso.
Creciste, y ya no encontrábamos cajas de tu tamaño, tus trapos los dejaste porque te quedaban chicos, en tu gorrito ya solo entraban tus patitas y tu comida empezó a cambiar porque ya no eras tan bebé como alguna vez lo fuiste. Tus travesuras se hicieron presentes y te regañábamos pero tu carita nos hacía que ese enojo desapareciera casi instantáneamente.
Vivimos tantas cosas contigo, viste a mi padre dejarnos para ir en busca de un bienestar para todos debido que la situación de nuestro país no dejó otra salida. Te despediste de mi padre con aquel bostezo porque para variar estabas dormida cuando él se despidió de ti. Nos viste volver hechos un mar de llantos y nos reconfortaste con la dulzura y el cariño que siempre nos diste, te lo agradezco.
Descubriste con nosotros la magia de un nuevo hogar, un hogar propio en donde podíamos hacer lo que quisiéramos sin que nadie nos tachara. Empezaste a tener tu propio lugar, tú propio espacio y aunque al principio no lo disfrutaste mucho porque tu costumbre de dormir al lado nuestro te acostumbró a tenernos cerca pero luego te adaptaste y creo que lo llegaste a disfrutar.
El bañarte se torno en una pesadilla para ambos, porque tu nunca lo disfrutaste y nosotros empezamos a tener que mojarnos para mantenerte quieta y luego bañarnos nosotros porque nos dejabas llenos de tu pelaje y con el aroma de chuchito mojado, pero ambos sabemos que a la larga disfrutabas oler a jabón y a lucir tu collar de pelo blanco con sus manchitas cafes en una parte de él.
Vivimos tantas cosas Daisy, tantos disgustos, tantos ladridos, tantos persecuciones (como cuando te llevaste el pollo que sería nuestra cena), tantas mordidas, tantas mirabas que cruzamos, esas miradas sinceras y llenas de amor cuando lo hacías, cuando nos movías la cola cuando llegábamos de estudiar ó cuando simplemente te acercabas y ponías tu cabecita para que la acariciáramos y cuando te gustaba que te rascara detrás de tu orejas negras.
Así como viste a mi padre decirte adiós también me viste a mi hacerlo, viste mis lágrimas y las lamiste y te pegaste más a mi como pidiendo que no me fuera, te prometí volver, te dije que no me olvidaras y que aguantarás para verme de nuevo. Partí y te deje atrás a pesar que eras parte de nuestra familia, te dejamos, te abandonamos y eso no me lo perdonaré Daisy, te pido perdón desde lo más profundo de mi ser aunque se que no lo tengo.
Hace unos días mi madre me dio la mala noticia que falleciste, que te marchaste a un lugar mejor y que ya sabes lo que es vivir en el cielo de los perros, seguramente andas haciendo clavos por allá también con tu forma de ser.
Muy tarde comprendo que tú nunca necesitaste una oportunidad, fuiste tú la que nos dio la oportunidad de conocerte y de disfrutar de tu perruna vida contigo. Quizás nunca te vuelva a ver mi chuchita, quizás nunca vuelvas a ladrarme o a verme como lo acostumbrabas, sé que fue mi error dejarte. Nunca fallaste Daisy, siempre te comportaste a la altura de cualquier “perro de raza” y hasta mucho mejor y que por lo mismo sé que tienes una gran lugar en el cielo, en donde puedas correr, ladrar y aullar todo lo que quieras mi Daitsssy. Disfruta de tu nuevo hogar y conoce muchos amigos y bríndales lo mejor de ti como lo hiciste en nuestra familia, gracias por todo, te quiero a pesar de todo y te recordaré toda mi humana vida. TE AMAMOS DAISY.
A mi alrededor estaba mi familia, saludando al nuevo integrante de nuestra familia, no quise cargarte de inmediato porque parecías tan frágil y supongo que fue el miedo de hacerte daño por el cual decidí observarte durmiendo tan cómodamente sobre aquellos trapos que te calentaban y te hacían dormir tan bien.
Después de admirarte un poco me contaron tu historia, de cómo mi hermano tuvo el valor de recogerte y de hablar con mis padres para que formaras parte de la familia. Escuché que naciste en un predio de carros chocados y que el carro elegido por tu mami fue un Volvo de color verde el cual si no estoy mal tenía aún sus asientos y más de alguna vez observé a tu mami disfrutando de la comodidad de esos asientos. La historia que me contaba mi hermano me hacía verte cada vez más como alguien quien necesitaba una oportunidad ya que pasaste por tres diferentes hogares y todos ellos te rechazaron porque simplemente no eras de una “raza pura” ó porque nadie tuvo la bondad que mi padre, mi madre y mi hermano tuvieron en ese entonces.
Pasaste la primera noche con nosotros, llorando levemente, no sé si lo hacías por frío o porque extrañabas el calor de tu madre, no lo sé. Al día siguiente empezamos con la angustia de alimentarte y ver como rechazabas lo que te ofrecíamos. Fue de esa forma como mi inexperiencia en cuidado de perritos salió a relucir y te puse en peligro por primera vez, en esa ocasión el día casi acababa y no habías probado ni un solo bocado de alimento y decidí entonces prepararte leche en polvo y dártela con un biberón, me puse muy feliz al ver que por fin estabas llenando tu pancita con algo y seguí alimentándote. Al final tu pancita en forma de pelota empezó a hincharse y tú te empezaste a quejar, me preocupé y no sabía que hacer, no tenía dinero para llevarte a un médico y tuve que recurrir a pedirle a mi padre para llevarte a un veterinario, él me dijo que te llevará y me dio el dinero para cubrir la consulta, corrimos con mi primo buscando una veterinaria en donde te atendieran para aliviarte de tu dolor. Fuimos de una a otra y todas estaban cerradas debido a la hora y al día, un sábado por la noche. Al fin encontramos una abierta y le explicamos a tu médico lo que pasó y nos dijo que necesitabas un desparasitante, te dio la tableta y empezaste a calmarte, hasta te dormiste muy tranquilamente como si nada hubiese pasado. Cuando llegamos a casa despertaste y pediste salir de tu caja para jugar, en esa ocasión vi por primera vez como corrías y ladrabas de alegría, todos disfrutamos verte tan contenta y tan llena de vida.
Fuiste creciendo, empezamos a cuidarte mejor y te empezamos a llevarte al consultorio para perros para que te suministraran tus vacunas, cosa que como todo niño odiaste pero que como toda perrita valiente soportaste. No sabes, lo bella que te mirabas en aquel gorro que se convirtió en tu cobija, nos hacías reír cada vez que bostezabas y que te estirabas para descansar mejor.
Recuerdo cuando nos recomendaron tu dieta para que comieras debido a que todavía eras una recién nacida, cerelac y leche fue tu comida por mucho tiempo. Después de todo te alimentabas muy bien y por eso cada día te ponías más bonita y mucho más fuerte, tu semblante de delicada cambio a una perrita fuerte, juguetona y sobre todo alegre.
Llegó tu primer baño y fue una verdadera emoción para nosotros y para ti un verdadero caos, creo que no lo disfrutaste tanto como nosotros, pero que después de ese baño dormiste como los mismísimos ángeles.
¿Recuerdas como después de cada comida, te dormías panza arriba con tus patitas dobladas y tu carita de lado? Nos causaba risa, verte durmiendo de esa forma pero era la única forma en que encontrabas comodidad después de las comidas que te dabas. Recuerdas cuando te quedabas al pie de la cama de mi hermano y mía, dice mi padre que te levantabas de madrugada a jugar un rato luego ibas al baño porque siempre, siempre fuiste una perrita muy pero muy limpia, nunca ensuciaste tus trapos y mucho menos tu cajita, siempre avisabas a tiempo, por cierto mi madre te adoraba por eso.
Creciste, y ya no encontrábamos cajas de tu tamaño, tus trapos los dejaste porque te quedaban chicos, en tu gorrito ya solo entraban tus patitas y tu comida empezó a cambiar porque ya no eras tan bebé como alguna vez lo fuiste. Tus travesuras se hicieron presentes y te regañábamos pero tu carita nos hacía que ese enojo desapareciera casi instantáneamente.
Vivimos tantas cosas contigo, viste a mi padre dejarnos para ir en busca de un bienestar para todos debido que la situación de nuestro país no dejó otra salida. Te despediste de mi padre con aquel bostezo porque para variar estabas dormida cuando él se despidió de ti. Nos viste volver hechos un mar de llantos y nos reconfortaste con la dulzura y el cariño que siempre nos diste, te lo agradezco.
Descubriste con nosotros la magia de un nuevo hogar, un hogar propio en donde podíamos hacer lo que quisiéramos sin que nadie nos tachara. Empezaste a tener tu propio lugar, tú propio espacio y aunque al principio no lo disfrutaste mucho porque tu costumbre de dormir al lado nuestro te acostumbró a tenernos cerca pero luego te adaptaste y creo que lo llegaste a disfrutar.
El bañarte se torno en una pesadilla para ambos, porque tu nunca lo disfrutaste y nosotros empezamos a tener que mojarnos para mantenerte quieta y luego bañarnos nosotros porque nos dejabas llenos de tu pelaje y con el aroma de chuchito mojado, pero ambos sabemos que a la larga disfrutabas oler a jabón y a lucir tu collar de pelo blanco con sus manchitas cafes en una parte de él.
Vivimos tantas cosas Daisy, tantos disgustos, tantos ladridos, tantos persecuciones (como cuando te llevaste el pollo que sería nuestra cena), tantas mordidas, tantas mirabas que cruzamos, esas miradas sinceras y llenas de amor cuando lo hacías, cuando nos movías la cola cuando llegábamos de estudiar ó cuando simplemente te acercabas y ponías tu cabecita para que la acariciáramos y cuando te gustaba que te rascara detrás de tu orejas negras.
Así como viste a mi padre decirte adiós también me viste a mi hacerlo, viste mis lágrimas y las lamiste y te pegaste más a mi como pidiendo que no me fuera, te prometí volver, te dije que no me olvidaras y que aguantarás para verme de nuevo. Partí y te deje atrás a pesar que eras parte de nuestra familia, te dejamos, te abandonamos y eso no me lo perdonaré Daisy, te pido perdón desde lo más profundo de mi ser aunque se que no lo tengo.
Hace unos días mi madre me dio la mala noticia que falleciste, que te marchaste a un lugar mejor y que ya sabes lo que es vivir en el cielo de los perros, seguramente andas haciendo clavos por allá también con tu forma de ser.
Muy tarde comprendo que tú nunca necesitaste una oportunidad, fuiste tú la que nos dio la oportunidad de conocerte y de disfrutar de tu perruna vida contigo. Quizás nunca te vuelva a ver mi chuchita, quizás nunca vuelvas a ladrarme o a verme como lo acostumbrabas, sé que fue mi error dejarte. Nunca fallaste Daisy, siempre te comportaste a la altura de cualquier “perro de raza” y hasta mucho mejor y que por lo mismo sé que tienes una gran lugar en el cielo, en donde puedas correr, ladrar y aullar todo lo que quieras mi Daitsssy. Disfruta de tu nuevo hogar y conoce muchos amigos y bríndales lo mejor de ti como lo hiciste en nuestra familia, gracias por todo, te quiero a pesar de todo y te recordaré toda mi humana vida. TE AMAMOS DAISY.

4 comentarios:
La vida sigue... sé que Daisy desde donde está puede agradecerles a todos ustedes lo que hicieron por y para ella. No fallaste corazón, porque siempre diste lo mejor de ti para esa hermosa perrita, debes enorgullecerte de lo que lograste en esos momentos y que en ti quedará para siempre el bello recuerdo de lo vivido, sé que ella también cuidará de ustedes como uno más de sus angelitos, así que mi niño sé feliz y sonríe porque sucedió...Disfruta cada día, cada hora, cada minuto y cada segundo, nuestra vida sigue...
¡TE AMO MI VIDA!
Gracias por compartir tu experiencia...
¡TE AMO MI AMOR!
Atte. Tu LuNa iNaLcAnZaBLe
Brother, los perros siempre me han parecido mas dignos de amor y respeto que la mayoría de los humanos.
Hace un par de meses tuve que escribir un post parecido, despidiendo al "Gordo". Te dejo el link por si querés leerlo. http://papataz29.blogspot.com/
2007/03/adios-gordo-fuiste-grande.html
Solo te digo que esos amigos de cuatro patas y colas agitadas, son mas amigos que la mayoría de los bípedos.
Me decía mi abuelo, hace ya unos 20 años, que nuestros perros nos iban a estar esperando en la otra vida para ayudarnos a cruzar el camino que nos llevaría al descanso eterno,
Saludos y lamento no haber comentado antes en este post.
No hace falta tener pedigree, para ser noble de corazon.
Que linda historia.
Ya leí tarde esto, pero está excelente, mas personas como vos deberían de existir en el mundo, con tanto apego y amor por los animales.
Saludos y seguí así.
Publicar un comentario