Un ser perdido en el inmenso mar de su vida se rehúsa a contarle otra historia más a una hoja, pero esta podría ser su despedida ante la tormenta que aguarda por él mostrándole que no tendrá compasión alguna.
Sentado en la oscuridad aquel hombre misterioso y solitario extiende su tiempo a la luz de una vela, al compás del humo de un cigarro y a la tristeza de una hoja de papel en blanco. Se desgarra en sufrimiento con cada una de las tonadas que su alma toca, las tonadas con las cuales revive sus historias pasadas de forma efímera.
Es incapaz de escribir en una triste hoja de papel a pesar que ambas tristezas se atraen como un par de amantes dispuestos a llegar hasta el final. Hojas que muchas veces han fungido el papel de oyente, confidente y otras tantas de verdugo implacable.
Ese papel que es la voz apagada de ese ser solitario, es la forma de mitigar su sed interna, es la forma de ser escuchado sin pronunciar palabra, es la copa en donde se bebe su soledad y su tristeza.
Cierra los ojos y se deja llevar por sus pensamientos, para salir corriendo de la tormenta que lo retiene en un mundo real e inexistente a la vez. Navega en mundos imaginarios y mundos elocuentes, todos ellos mágicos. Es un náufrago en mundos felices, se empalaga de tantas sonrisas y se pierde entre las miradas que lo acusan por no encajar en ningún lugar.
Observa con melancolía por su ventana, no ve nada más, su futuro se ha extraviado en cada una de las olas que azotan a la nave. Sabe que de esta no saldrá, entiende que el tiempo se agota y que poco a poco se hunde en su tristeza.
Despierta, sus recuerdos se han borrado y su mirada se ha fugado, se ha perdido otra vez en su pequeño barco y no recuerda como volver al puerto del que zarpó. Ahora ha de ser la víctima del huracán de sus memorias, el cual se impondrá con ímpetu a la pequeña embarcación que es tan frágil como una hoja de papel.
El final ha llegado, todo empieza a colapsar, el capitán comienza a guardar sus anotaciones en su corazón, quiere llevarse consigo sus juicios, sus tormentas y sus tantas derrotas. Diligentemente pone todo en su lugar, más ha olvidado aquella triste hoja sobre su mesa, al parecer ha triunfado y se marchará pura y digna, sin el peso de una tristeza más.
El capitán está listo, con su mirada fija en el horizonte, ha tomado su cigarro, dispuesto a trazar su despedida en el ambiente, ha decidido desaparecer. El cigarro se ha acabado y con el humo, él se ha desvanecido, pasando a ser parte de aquel interminable mar.
Ha dejado como única evidencia de su existencia, la ceniza de su soledad y aquella hoja que se pierde por el mar con el escrito, “Al fin entiendo, soy un errante de mundos reales… Me perdí en algún punto, pero después de todo… Solo quería encontrar un camino para no detenerme nunca.”
Sentado en la oscuridad aquel hombre misterioso y solitario extiende su tiempo a la luz de una vela, al compás del humo de un cigarro y a la tristeza de una hoja de papel en blanco. Se desgarra en sufrimiento con cada una de las tonadas que su alma toca, las tonadas con las cuales revive sus historias pasadas de forma efímera.
Es incapaz de escribir en una triste hoja de papel a pesar que ambas tristezas se atraen como un par de amantes dispuestos a llegar hasta el final. Hojas que muchas veces han fungido el papel de oyente, confidente y otras tantas de verdugo implacable.
Ese papel que es la voz apagada de ese ser solitario, es la forma de mitigar su sed interna, es la forma de ser escuchado sin pronunciar palabra, es la copa en donde se bebe su soledad y su tristeza.
Cierra los ojos y se deja llevar por sus pensamientos, para salir corriendo de la tormenta que lo retiene en un mundo real e inexistente a la vez. Navega en mundos imaginarios y mundos elocuentes, todos ellos mágicos. Es un náufrago en mundos felices, se empalaga de tantas sonrisas y se pierde entre las miradas que lo acusan por no encajar en ningún lugar.
Observa con melancolía por su ventana, no ve nada más, su futuro se ha extraviado en cada una de las olas que azotan a la nave. Sabe que de esta no saldrá, entiende que el tiempo se agota y que poco a poco se hunde en su tristeza.
Despierta, sus recuerdos se han borrado y su mirada se ha fugado, se ha perdido otra vez en su pequeño barco y no recuerda como volver al puerto del que zarpó. Ahora ha de ser la víctima del huracán de sus memorias, el cual se impondrá con ímpetu a la pequeña embarcación que es tan frágil como una hoja de papel.
El final ha llegado, todo empieza a colapsar, el capitán comienza a guardar sus anotaciones en su corazón, quiere llevarse consigo sus juicios, sus tormentas y sus tantas derrotas. Diligentemente pone todo en su lugar, más ha olvidado aquella triste hoja sobre su mesa, al parecer ha triunfado y se marchará pura y digna, sin el peso de una tristeza más.
El capitán está listo, con su mirada fija en el horizonte, ha tomado su cigarro, dispuesto a trazar su despedida en el ambiente, ha decidido desaparecer. El cigarro se ha acabado y con el humo, él se ha desvanecido, pasando a ser parte de aquel interminable mar.
Ha dejado como única evidencia de su existencia, la ceniza de su soledad y aquella hoja que se pierde por el mar con el escrito, “Al fin entiendo, soy un errante de mundos reales… Me perdí en algún punto, pero después de todo… Solo quería encontrar un camino para no detenerme nunca.”

6 comentarios:
Excelente historia... Ninguna muerte es triste si se le enfrenta cara a cara...
Es la victoria ante la tristeza... (claro hay maneras y maneras...ja!)
A propósito de barcos y tormentas:
http://historiasabsurdasysinsentido.blogspot.com/2005/09/el-albatros-borracho.html
Otra visión...
ME GUSTO LA HISTORIA, VAYA MANERA DE MORIR... PUEDE SER QUE TENGA CONTINUACIÓN...VIDA MÁS ALLÁ DE LA MUERTE...
BUEN RELATO CORAZÓN, FELICITACIONES!
T.A.1CH...
Entendi yo todo mal, o es una vision figurada de la primera persona frente a un intento de muerte quizas lejos del plano corporeo?... o es simplemente que estos dias ando pensando demasiado en esas cosas....
saludos, y gracias por pasarte por alla.
Quien no se siente un naufrago en este mundo??? y en soledad se lamenta............................Hay una frase que me late mucho
"La muerte tiene una razon nunca un sentido por que lo único que tiene sentido es nuestra Vida.."
La vida tan solo depende del sentido que le de cada persona....
Saludos att/Jaky
Hola mi Guiro ... quiero contarle que desde mi blog hay un enlase para su blog... saludos!!!
Cada vez me siento como un naufrago.. cansada me detengo y pienso que ya es tarde para terminar el juego...!!! busco y busco el camino pero tan solo quiero saber quien soy.. tan solo quiero encontrar el camino para ya no detenerme nunca!!!...............
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